Hay Rock

Hay que poder decir con toda claridad, la sobrada capacidad del amigo Fito para generar un espacio con tanta cordialidad, alegría y ganas de repetir cada viernes el rock que propone: con toda la furia imaginativa y el placer sublevado al servicio de todos los presentes. Fito nos parece decir que la mejor defensa a la lenta entrega de los años, es un buen zapateo sin miedo a terminar en el piso. Y si estamos así de vivos, es que en algo estamos de acuerdo: si vamos a morir, que sea bailando un buen rock and roll, y si son con los clásicos de Fito Manía, mejor!!!. Hasta el próximo viernes amigos!!!.


La furia imaginativa y el placer sublevado que propone Fito cada viernes, son momentos intransferibles que no se pueden contar sin haberlos vivido y si acaso tuviste la oportunidad de vivirlos, resulta imposible contarlo porque como ya dije, son momentos intransferibles. Aguante el Rock and roll... hasta que los cordones nos separen!!!.

mejor!!!. Hasta el próximo viernes amigos!!!.


Aldo

miércoles, 29 de julio de 2015

Por Un Toque de Cerveza -Hay Rock 15


POR UN TOQUE DE CERVEZA




De tanto insistir, al fin morí como viví: bailando un buen rock and roll. Había hecho lo justo y necesario. Humo de cigarrillos, humo de espiral contra los mosquitos, humo de la madera para el asado, humo del caño de escape de mi Citroën 3CV a pedales y otros humos no inventariados que fui inhalando a lo largo de mi vida. Todos unidos me vencieron y conspiraron cuando justo comenzaba un tema de Elvis (qué horror!). No recuerdo haber caído al piso pero si de algunas voces, algunos gritos y uno en particular que me decía, -"Dale Aldo, dejá de improvisar y levantate que eso no es rock!"-. Era Fito alentando lo imposible y rogando algún milagro que devolviera mi palpitar yugular. No hubo caso. Me había bailado la vida en cuatro horas sin parar. Lo que vendría?, cielo, infierno, reencarnado en interminables raíces de higuera; Un ortóptero quizá?, un canto rodado?., o transformado en un surco del último disco de "La joven Guardia". Después de todo, al menos podía (todavía) pensar. Y si lo estaba haciendo, estaba (todavía) muy lejos de la nada. Curiosamente no tenía miedo. Tenía sed. Mucha sed. Cuando abrí los ojos, la cerveza se hallaba a un metro de distancia. Y luego a medio metro y acercándose hasta que la vista alineó el vaso doble en uno solo, y hasta que mi mano la sujetó de su cintura ligeramente cónica todavía traspirada por su contenido ambarino. Al fin de cuentas, no había muerto. Había bebido más de lo debido o dicho aritméticamente, menos de un tercio de botella con lo cual, deduje que nunca aprendería a tomar. Mejor, un buen rock and roll con que Fitomanía nos alarga la vida... hic!...perdón. 
Abrazo rockero.


Aldo